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martes, 14 de junio de 2016

Virgo


Desde que la conocí, mi economía no había dejado de empeorar. Todo era debido, lo que son las cosas, a mi ascendente Acuario y la influencia negativa que recibía de los astros cuando estaban cruzados. Pero yo estaba tranquilo porque ella se ocupaba de todo y porque solía explicármelo con palabras tan dulces que nunca me importó demasiado aquella mala pata planetaria.
—¿Y en el amor, ¿cómo me irá?
¿En el amor? ¡So-ber-bio! silabeaba, con ese acento caribeño que era auténtica música.
Y cuando yo echaba mano a la cartera para abonarle los honorarios, sus ojos alegres resplandecían y me regalaban una magia inexplicable. El maldito Saturno podía amargarme el bolsillo, pero la voz de aquella diosa seductora conseguía elevarme muy por encima de cualquier tipo de confabulación cósmica.

jueves, 19 de mayo de 2016

De madrugada


Ahora, mientras espera, aún puede soñar otro final para esa noche de estrellas. Que ella baja del tren y le sonríe. Que les envuelve un amor infinito hasta que amanece. Que no hay distancias irrecuperables ni tragedias que hagan imposibles los sueños… Pero todo le recuerda que ella no va a volver y no le quedan lágrimas que verter en más noches solitarias.

Cuando al fin oye el tren a lo lejos, cierra los ojos y se abandona. Ya no siente el dolor de sus recuerdos. Solo la humedad del suelo empapando su espalda y el frío gélido del raíl bajo su nuca. 

sábado, 14 de mayo de 2016

Una cruz de día


La patrulla enemiga acababa de sorprenderlo entre la espesura y aunque calibró varias opciones, todas ellas parecían tener mal augurio. Le temblaban las manos que mantenía en alto, los fusiles le apuntaban inclementes y, para colmo, el que daba las órdenes tenía poca vocación de hacer prisioneros:

—Cabo, tire una moneda. Si sale cara, convención de Ginebra; cruz, ley de fugas.

¿Pero por qué esa manía de mezclar el azar con las cosas serias? De haber llevado dinero encima, lo habría apostado todo a que acertaba cómo iba a acabar aquello. Porque lo cierto era que estaba en auténtica racha: esa misma mañana lo habían seleccionado junto a otro soldado para la misión suicida del día. Y el teniente sólo podía prescindir de un hombre:

—¡Que alguien tire una moneda!


domingo, 8 de mayo de 2016

Luna llena



La noticia se emitía por todas las cadenas en forma de titular inapelable y angustioso. Lo habían advertido algunos demógrafos. Lo anunciaba a gritos el ejército de visitantes que cada día saturaba las calles, el tráfico inmovilizado en las avenidas, las colmenas de apartamentos que se amontonaban en torno a las zonas turísticas. No quedaba sitio en los hoteles, ni en los chalets de las urbanizaciones superpobladas. Ni siquiera en los bancos de los parques tomados por los sintecho que mendigaban las migajas de la abundancia. Los políticos llamaban a la calma, pero preparaban sus maletas cargadas de culpa y dinero negro, para un éxodo convulso y desordenado.

Era el fin de la expansión de los asentamientos lunares y el inicio del colapso. Un caos inevitable que las portadas de los diarios resumían en una frase breve, explícita y dramática: “La Luna, llena”.


viernes, 22 de abril de 2016

El otro lado


Se despertó en mitad de la noche  envuelto en un sudor frío y blandiendo aún en el aire una inexistente espada mágica contra enemigos que ya no estaban allí. Luego se miró las manos desnudas, sacudió la cabeza y escudriñó a su alrededor...

Nada. Habían desaparecido los espectros y las voces del más allá. Y sin embargo, sin saberlo explicar en pura lógica, sentía aún sobre sí la mirada helada de sus cuencas vacías y el intenso olor a azufre que se había traído del mal sueño. Se tranquilizó y cerró los ojos. Fue justo en ese momento cuando saltaron sobre él como bestias hambrientas, arrastrándole de nuevo hacía un abismo de pesadilla e imposible retorno.


viernes, 15 de abril de 2016

Detalles


He dejado sobre la barra unas monedas y un último “Adios, Anita” escrito en una servilleta de papel. No te equivoques, no me importó que le sonrieras. Pero a mi café de esta mañana olvidaste ponerle azúcar.


jueves, 14 de abril de 2016

El desencanto


Papá tenía una manera especial de hacer las cosas. Nos quiso durante un tiempo, quiero pensarlo, pero un día sin más dejó de hacerlo para siempre. Fue en aquellos años en los que yo aún no sabía odiar, ni sentía la humillante punzada de su rechazo. Y sin embargo tengo nítido el recuerdo del día que se fue. Mi madre me tenía en brazos y a mi hermano pegado a su falda. Los dos lloraban en un andén sembrado de desconocidos con prisa y sin mirada. Yo veía a mi padre subir al tren, inclemente, sin volver la mirada, ajeno a la despedida. Y solo sentía envidia de quienes como él marchaban a cualquier parte, lejos de aquella ciudad oscura.