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jueves, 14 de abril de 2016

El desencanto


Papá tenía una manera especial de hacer las cosas. Nos quiso durante un tiempo, quiero pensarlo, pero un día sin más dejó de hacerlo para siempre. Fue en aquellos años en los que yo aún no sabía odiar, ni sentía la humillante punzada de su rechazo. Y sin embargo tengo nítido el recuerdo del día que se fue. Mi madre me tenía en brazos y a mi hermano pegado a su falda. Los dos lloraban en un andén sembrado de desconocidos con prisa y sin mirada. Yo veía a mi padre subir al tren, inclemente, sin volver la mirada, ajeno a la despedida. Y solo sentía envidia de quienes como él marchaban a cualquier parte, lejos de aquella ciudad oscura.


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